LA FAJA
Ahora mismo estoy
caminando por la plaza. Voy por la tercera vuelta intentando reducir uno de mis
muslos. Claro, yo quisiera los dos. Es verdad que inevitablemente camino con
las dos piernas, podría tener solo una o ser renga, pero en eso Dios fue
bondadoso y me dio dos con un par de muslos grandes y fofos. Así que camino y si lo que promocionaba el
aviso de la TV se cumple, adelgazaré cuádriceps e isquiotibiales de una de mis
piernas, solo una, la que tiene la faja. La compré cuando mi novio me dejó, había
pasado un día del hecho y yo encendí el televisor. Vi dos muslos duros y
torneados. Si me compraba la faja mágica que vendían yo también los tendría así
y con dos muslos torneados y duros tendría las piernas de Dolores Barreiro y no
me dejarían más novios. Pero voy a tener que esperar, de la misma manera que
espero a la media naranja que mi mamá me prometió que un día llegaría.
Llamé para avisar que
solo me vino la faja de la pierna izquierda, que como podía ser una cosa así,
que yo había pagado por las dos. Me respondieron que debería comprar otra, que
se venden así, que mi razonamiento y la conclusión de que en la caja debería
haber dos fajas porque yo tengo dos piernas es solo una cuestión de
interpretación. Que si quiero fajas adelgazantes para las dos debo pagar por
una nueva o que si gusto puedo devolverla pero que solo me reintegrarían la
mitad de mi dinero, que eso es lo que dice la cláusula.
Sigo caminando, dando
vueltas a la plaza, ya debo ir por mi decima vuelta. Pienso en la tesis que no
presenté, en que algún día debería limpiar el ropero, que de una buena vez
debería coser el agujero que tengo en la calza que llevo puesta. Siento uno de
mis muslos apretado, transpirado. Solo uno, el otro, la mitad de mi cuerpo,
tendrá que esperar.
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